*Es considerado la cuna de los bailes de salón en México, América Latina y el sur de los Estados Unidos  

*El 20 de abril es una importante fecha para el danzón, los pachucos y sus jainas; surge toda una cultura popular

Por Martín de J. Takagui

Hace 105 años cuando México ya se había pacificado después de la Revolución Mexicana y las libertades estaban garantizadas por las leyes, las reuniones de la gente se hacían sentir para disfrutar de un país que tenía puesta su mirada en el desarrollo económico, la prosperidad y la felicidad de la gente.

El baile era de esas actividades que por sí sola se convertía en uno de los elementos para alcanzar la felicidad y es entonces cuando un empresario americano con amplia visión de negocio decidió instalar un salón de baile que cobijara a todos los sectores sociales.

Así, el 20 de abril de 1920 abre sus puertas, enciende sus luces y se sube el volumen de la música en vivo del “Salón México”, ubicado en la calle de Pensador Mexicano, número 16 de la Colonia Guerrero, que desde su primer día de funcionamiento se vio abarrotado por bailadores líricos, bailadores profesionales, así como los pachucos del brazo de sus parejas, las jainas y toda clase de personajes de la época.

La apertura del Salón México fue todo un acontecimiento nacional, pues desde antes de su inauguración las publicaciones de periódicos locales y nacionales anunciaban su apertura y después comentaban a través de sus crónicas la forma en que se divertían todas las clases sociales de los capitalinos.

En esas épocas ya casi de salida el ritmo de Charleston sonaba muy fuerte, pero hay quienes consideran que al ser el Salón México la cuna de los bailes de salón en México, los grupos musicales que ahí se presentaban también lograron la fama, pero a través del ritmo del danzón con las características que hasta hoy se conocen.

Aquí en el salón de todos, la especialidad musical era el danzón; las modas culturales venían de todas partes el mundo, en esos mismos años Al Capone, uno de los más grandes traficantes de alcohol de Estados Unidos, en la época de la prohibición, era considerado como hoy los grandes traficantes de drogas como Los Chapitos o El Mencho, incluso también eran motivo de imitación.

Se decía que el Salón México era el salón de todos, porque de acuerdo con las costumbres de la época, en la planta baja los precios eran muy económicos y ahí llegaban los obreros, trabajadoras del hogar, que en esos tiempos se les decían las “criaditas” o “sirvientas”, quienes por su condición económica llegaban descalzas o en el mejor de los casos con sandalias o huaraches.

Era una realidad muy clara de lo que eran los mexicanos de los años 20’s del siglo pasado, al grado que en ese salón de abajo los olores a sudor eran insoportables, ya que después del trabajo de todo el día llegaban a darle a la danzoneada.

Pero otra de las imágenes imborrables del lugar eran unos letreros que decían “favor de no tirar las colillas de cigarro al piso, porque se queman los pies de las mujeres”.

En el piso de arriba, había dos grandes salones, en donde la ventilación era mucho mejor, en uno de ellos era el lugar de la llamada clase media, integrada por profesionistas, como abogados, médicos, contadores, ingenieros, quienes en su mayoría se hacían acompañar de sus colegas mujeres y de sus secretarias o amigas, todos ellos vestían traje y vestidos formales.

Para esos momentos, no existía restricción alguna para fumar en espacios públicos o cerrados, por el contrario, en el tercero de los salones, se observaba a la aristocracia de la Ciudad de México, luciendo atuendos de frac, con bastones y lujosas pipas que con su tabaco encendido alimentaban las grandes bocanadas de humo que mantenían a la concurrencia en medio de una densa nube.

Pero también las mujeres, ataviadas de vestidos largos y brillantes coyas que colgaban de sus orejas, cuello y muñecas, usaban las llamativas y largas boquillas que sostenían los cigarrillos que entre la plática servían para deleitar al máximo la copa de coñac, wiski o champaña que bebían.

Aquí llegaban personales del arte, el espectáculo y la política, de la talla de Frida Kahlo,  Diego Rivera, María Félix, así como los políticos más encumbrados del momento. Pero en los tres salones había humo, mujeres, caballeros, orquestas, música y gran ambiente.

La fama del Salón México traspasó las fronteras de México, al grado que de ahí surgió el que hasta ahora sigue siendo el danzón más popular y famoso del mundo “Nereidas”, también fue ese salón fuente de inspiración para el cineasta Emilio “El Indio” Fernández, quien dirigió y produjo la película que lleva el nombre de ese centro nocturno “Salón México”.

Se trató de un gran filme protagonizado por Marga López, Miguel Inclán, Roberto Cañedo y Silvia Derbés, entre otros famosos actores misma que se estrenó el 25 de febrero de 1949, cuando ya el salón México era todo un ícono de del baile a nivel regional.

Otro de los danzones más famosos que existe, es precisamente el que lleva por nombre “Salón México”, del compositor norteamericano Aaron Copland, de quien se dice que después de visitar el lugar quedó encantado e inspirado para esa obra musical escrita para orquesta sinfónica que le ocupó de 1933 a 1934.

La obra se estrenó en el Palacio de Bellas Artes en interpretada por la Orquesta Sinfónica de México, bajo la dirección del maestro Carlos Chávez, en un programa musical que incluyó el Segundo Concierto de Brandenburgo de Johann Sebastian Bach y el Concierto para violín de Beethoven

El Salón México es toda una leyenda del baile en nuestro país, fue el lugar más famoso en la época del cabaret, fue un centro de reunión para cada uno de los sectores sociales del país, pero sobre todo, el Salón México sigue siendo inspiración de músicos, bailadores y bohemos.